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Un buen diagnóstico que nos permita alcanzar un tratamiento eficaz para vuestros peludos necesita, muchas veces, de una serie de pruebas: análisis de orina, de sangre, exploración, etc. Entre ellas, muchas veces están los diagnósticos por la imagen, pruebas complementarias que nos facilitan alcanzar un tratamiento efectivo: radiografías, resonancias, endoscopias... De este tipo de diagnóstico os queremos hablar en el artículo de hoy, porque dependiendo de la especie, las patologías y los tejidos algunas serán más convenientes que otras.

 La radiología es la más habitual: se utiliza, mayoritariamente, para visualizar los huesos, fracturas, artrosis. También es útil para visualizar el pulmón, el corazón o la presencia de cuerpos extraños. Es una prueba rápida con la que podemos visualizar el problema de manera inmediata. No obstante, para fracturas muy pequeñas o complejas no es la prueba más recomendada.

 Para ello es preferible utilizar el TAC: se trata de una reconstrucción en tres dimensiones de la zona que queremos visualizar. Por lo tanto, se trata de una visualización mucho más precisa y perfecta que la que podemos obtener de una radiografía. Se utiliza mucho para las fracturas de hueso, tendones y músculos. Se trata de una prueba que tiene un coste más elevado que una radiografía y, además, se ha de anestesiar al animal.

 La ecografía, por otro lado, está especialmente recomendada para los tejidos blandos, sobre todo abdominales: esto es así porque permite el movimiento del operador para visualizar los tejidos y facilita su visión en tres dimensiones. Al igual que la radiografía, se trata de una prueba inmediata y económica.

 Las resonancias magnéticas, por su parte, nos permite observar órganos de los animales imposibles de ver de otra manera: en este caso se trata del cerebro y del sistema nervioso. Asimismo, pese a que podemos diagnostiar un tumor con el TAC, realmente no tendríamos la calidad de imagen ni la precisión que nos ofrece una resonancia.

 En las endoscopias, ponemos una cámara en el interior del animal. Así, por ejemplo, podemos visualizar mucho mejor el interior del estómago y obtener muestras de tejidos que precisemos observar o analizar.

Para las articulaciones podemos realizar las artroscopias, mediante las cuales realizamos tres pequeñas incisiones: en una se introduce la cámara, en otra, la fuente de luz que nos permite iluminar la zona de intervención y, por última, una en la que introducimos la herramienta de operación.

 Por todo ello, dependiendo de la zona afectada y de la patología, el veterinario optará por unas pruebas u otras que nos permitan alcanzar un diagnóstico lo más preciso posible.

 

 

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